Barcelona, 15 de abril de 2020, 4:02am.
Pensar. Eso es lo que más hago últimamente. Pensar en cuántas cosas me gustaría escribir para que salieran de mi cabeza...
La primera que se me viene a la mente es pensar en las oportunidades. En las oportunidades que no nos dan. Porque estoy de acuerdo en que para que te den oportunidades, primero tienes que ganártelas. Y vuelvo a pensar, ¿hasta cuando hay que estar ganándose oportunidades? También estoy de acuerdo en que con el orgullo no se llega a ninguna parte pero, ¿distinguimos el orgullo del amor propio?. Tengo muchas preguntas que no soy capaz de contestar. Quizás sea por la cuartentena, o quizás es que nunca antes había tenido tanto tiempo para estar conmigo misma. Quizás sea una oportunidad, no lo sé.
También pienso mucho en la vocación personal. ¿Tenemos todos una? ¿Me pregunto esto porque no la he encontrado? Esto último para mí es un "shock". No hay una escuela que te enseñe a tener vocación por algo. ¿Será algo innato o algo que se adquiere al ir formando la personalidad? Y de ser adquirida, ¿habrá una edad límite (en plan: vocación válida hasta el 15 de abril del puto año 2020)? Tampoco tengo respuesta para ninguna de esas preguntas. De momento sólo pienso.
Y también pienso en la vida. Y en la muerte. ¡Cómo no hacerlo en los tiempos que corren!. Sin embargo, me pasa algo curioso: cuando pienso en vida, lo primero que se me pasa por la cabeza suelen ser perros; pero cuando pienso en la muerte siempre pienso en seres humanos. ¿Por qué? Ni idea. O sí. Ya lo pensaré.
Quizás pienso mucho, pero es lo que más hago últimamente. ¿Encontraré alguna respuesta?

Comentarios
Publicar un comentario